La selección boliviana femenina cerrará este 9 de junio frente a Perú una de las campañas más decepcionantes de su historia reciente. Sin embargo, sería injusto apuntar exclusivamente contra las futbolistas. Los verdaderos responsables de este desastre deportivo están en los escritorios de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF), una institución que tiene desatendido al fútbol femenino, a tal punto que es un proyecto sin rumbo.
Los números son demoledores: último lugar de la CONMEBOL Liga de Naciones Femenina, apenas un punto en siete partidos, dos goles convertidos y 36 recibidos. La reciente goleada sufrida ante Paraguay (8-0) en el estadio Tahuichi confirmó lo que ya era evidente desde hace tiempo: Bolivia dejó de competir en Sudamérica.
Lo ocurrido no es casualidad ni producto de una mala generación de futbolistas. Es la consecuencia de una gestión que nunca hizo del fútbol femenino una prioridad. Mientras el resto de los países fortaleció sus ligas, profesionalizó sus estructuras y apostó por procesos de largo plazo, Bolivia siguió improvisando.
Ya es junio y el campeonato nacional femenino ni siquiera comenzó. Mientras tanto, las demás federaciones de la región llevan meses compitiendo. La diferencia de ritmo, preparación y experiencia termina reflejándose en la cancha con marcadores humillantes.
Las jugadoras son las primeras víctimas de este abandono. Muchas llegan a la selección sin la competencia necesaria, otras son ubicadas en posiciones que no son las habituales y algunas incluso debutan en la absoluta sin haber atravesado procesos internacionales en categorías menores. Pretender resultados en esas condiciones es desconocer la realidad.
Hace poco más de una década Bolivia podía competir de igual a igual con Perú, Ecuador, Chile, Paraguay, Uruguay e incluso Argentina. Hoy la distancia es abismal. Mientras los demás avanzaron, el fútbol femenino boliviano retrocedió.
Lo más preocupante es que no existe un plan visible para revertir la crisis. No hay señales de inversión, de desarrollo ni de una estrategia seria para rescatar una disciplina que parece huérfana dentro de la propia Federación.
El partido ante Perú marcará el cierre de una eliminatoria para el olvido, pero también debería abrir un debate urgente. Porque las goleadas pasan, los resultados se olvidan, pero el daño provocado por años de indiferencia institucional puede tardar décadas en repararse.
La pregunta ya no es por qué Bolivia está última. La verdadera pregunta es cuánto tiempo más la FBF seguirá ignorando la emergencia del fútbol femenino boliviano.
