Joaquín Aspiazu: “Tuve que aprender a hablar y a caminar de nuevo»

La vida le puso una de las pruebas más difíciles, pero Joaquín Aspiazu encontró fuerzas para seguir adelante. Hace un par de años, el cáncer amenazó con arrebatarle la vida y lo obligó a enfrentar una lucha que nunca imaginó. Perdió 20 kilos, dejó de caminar durante tres meses y hasta tuvo que reaprender a hablar. Hoy, después de largos meses de tratamientos y recuperación, mira el futuro con optimismo y agradecimiento.

“La misericordia de Dios hizo que hoy esté hablando con ustedes y en buenas condiciones”, expresó Aspiazu a PODIO, al recordar uno de los capítulos más duros de su vida.

Reconocido por su trayectoria como deportista y dirigente en Santa Cruz, Joaquín ha dejado su huella en distintas disciplinas, como el automovilismo, el ciclismo, el tiro deportivo, el kickboxing y el boxeo. Una vida vinculada al deporte que, de pronto, quedó en suspenso cuando recibió el diagnóstico de cáncer en los labios, una enfermedad que posteriormente se extendió hacia el lado izquierdo de su rostro y la zona del cuello.

A partir de entonces comenzó una batalla contra el tiempo y la enfermedad. Aspiazu tuvo que someterse a más de 20 sesiones de quimioterapia y radioterapia. Los tratamientos fueron desgastantes y su estado de salud se deterioró hasta alcanzar un punto crítico. Llegó a pesar apenas 53 kilos y la debilidad lo dejó postrado en cama durante tres meses.

Pero las consecuencias no fueron solamente físicas. La enfermedad y los tratamientos también afectaron su capacidad para hablar. Comunicarse y desplazarse, dos acciones cotidianas para cualquier persona, se convirtieron en desafíos que tuvo que afrontar desde cero.

“Fue durísimo”, recuerda, consciente de que atravesó una etapa en la que su recuperación parecía cada vez más complicada.

Un homenaje que parecía una despedida

La gravedad de su estado de salud generó preocupación en el ámbito deportivo cruceño. El año pasado, ante las noticias sobre su delicada situación, la dirigencia de la Asociación Departamental de Automovilismo de Santa Cruz (Adecruz) y la Asociación Departamental de Ciclismo decidieron rendirle homenaje de una manera especial: designaron a sus respectivos campeones con el nombre de Joaquín Aspiazu.

El gesto reflejó el cariño y el reconocimiento hacia una persona que dedicó buena parte de su vida al deporte, tanto en la competencia como en la dirigencia.

Con el paso del tiempo, aquel homenaje adquirió un significado particular. Aspiazu lo recuerda hoy con humor, aunque sin olvidar las circunstancias que lo motivaron.

“En la premiación de Adecruz, dije: agradezco a Dios, pero se las hice a todos porque pensaron que me iba a morir”, comentó entre risas.

Su frase resume el espíritu con el que enfrenta esta nueva etapa: con gratitud por seguir vivo y con la determinación de demostrar que todavía tiene mucho por hacer.

Volver a caminar, volver a hablar, volver a vivir

El comienzo de este año marcó un avance importante en su recuperación. Joaquín volvió a caminar y, poco a poco, también recuperó el habla. Su voz todavía se escucha algo raspada y pausada, señales de una batalla cuyas consecuencias siguen presentes, pero cada conversación representa un paso más en su proceso de rehabilitación.

El camino no terminó con la superación de los momentos más críticos. Aspiazu continúa trabajando para recuperar sus capacidades y mejorar su condición física, con paciencia y motivación. Cada progreso tiene un valor especial para quien tuvo que aprender nuevamente a realizar acciones tan esenciales como caminar y hablar.

Hoy asegura que volvió a vivir. Su recuperación le permitió reencontrarse con la vida y renovar sus ganas de seguir adelante, apoyado en su fe y en la esperanza de continuar mejorando.

Y el deporte, que siempre formó parte de su historia, vuelve a ocupar un lugar importante. Ahora se dedica al billar, una disciplina que se suma a la extensa lista de actividades que marcaron su trayectoria.

Joaquín Aspiazu todavía tiene desafíos por delante, pero ya superó uno de los más difíciles. Su historia es la de un hombre que enfrentó el miedo, soportó tratamientos desgastantes y tuvo que reconstruir capacidades que parecían perdidas.

Después de estar al borde de la muerte, hoy vuelve a hablar, vuelve a caminar y vuelve a disfrutar del deporte. Para él, más allá de los títulos y los reconocimientos, el mayor triunfo es estar vivo.

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