Lo que se vivió en el Club de Tenis Santa Cruz es irrepetible, una final soñada entre dos tenistas bolivianos: Hugo Dellien y Juan Carlos Prado, hoy los mejores del país, disputando un título de un Challenger 75, en casa, ante el público local que llenó las graderías como nunca antes pasó en este lugar que es uno de los mejores complejos de tenis de Sudamérica, sin duda.
Ver a dos compatriotas llorando, por diferentes motivos, confunde la emoción. Hugo terminó tendido, mirando el cielo con lágrimas de felicidad, de desahogo porque había esperado este momento toda su carrera. Por el otro lado, Juan Carlos lloraba por la frustración de no haber podido terminar un torneo perfecto, en casa y con su gente, pero como le dijo Hugo: «Juanca, vas a tener muchas oportunidades más, estoy seguro de eso».
En lo personal fue una sensación rara, pero hermosa, ya que en la cancha estaban dos bolivianos: uno cruceño y el otro beniano, por lo que cada vez que había puntos o una jugada espectacular el aplauso del público se hacía sentir. Obviamente, se sentía que Prado era local, pero también se sentía el respeto y el cariño por Dellien, que le ha dado muchísimas alegría al país. Además, el Club de Tenis es la casa de ambos.
Con 21 años, Juan Carlos mostró en este Bolivia Open una evolución tremenda en su juego, tanto en lo físico como en lo técnico, que lo hicieron llegar a la final con autoridad.
Por su lado, Hugo, con 32 años, demostró que sigue vigente y con ganas de seguir dando alegrías al país y siendo un ejemplo de superación y de no rendirse nunca hasta lograr un sueño, como el que cumplió el sábado.
En la cancha lo ganó Dellien, por su experiencia, porque estuvo bien de la cabeza y porque Prado sintió la presión de ser local, porque su juventud no pudo contener las emociones y las pulsaciones que estaban a mil.
Pero el mayor ganador fue el público que asistió para ser parte de este 18 de abril, el día histórico en que dos tenistas bolivianos disputaron un título de tenis profesional de ATP.
Gracias Bolivia Open y gracias Carolina Poehlmann, la empresaria cruceña, que lo soñó, lo trabajó y lo logró. Hoy el país está en el mapa del tenis profesional de ATP, por eso todo lo que venga será una consecuencia.
