En el mundo del boxeo y el espectáculo deportivo, cada combate deja huellas. Sin embargo, en torno a Jake Paul ha comenzado a instalarse una narrativa inquietante: varios de los peleadores que se enfrentaron al youtuber convertido en boxeador atravesaron, después del combate, episodios personales, económicos o de salud que marcaron un antes y un después en sus vidas. Para muchos, ya no es casualidad; hablan de una “maldición”.
El caso más dramático es el de Nate Robinson, exestrella de la NBA, quien tras su pelea terminó enfrentando una grave enfermedad renal. Hoy se encuentra en diálisis y necesita con urgencia un trasplante para seguir con vida. Otro nombre fuerte es Ben Askren, quien sufrió una insuficiencia pulmonar severa y estuvo al borde de la muerte, generando preocupación en todo el ambiente de las artes marciales mixtas.
El impacto no fue solo físico. Tyron Woodley, excampeón de la UFC, cayó en bancarrota tras su paso por el ring frente a Paul, mientras que Ryan Bourland se alejó definitivamente del boxeo y terminó trabajando en plataformas petroleras, dejando atrás su carrera deportiva. En el plano personal, Tommy Fury vivió una ruptura mediática con su esposa y, lejos del boxeo, hoy se lo ve participando en maratones recreativos.
La lista suma un capítulo más polémico con Julio César Chávez Jr., quien fue deportado luego de su pelea, y el caso trágico de Joshua, involucrado en un accidente automovilístico en Nigeria que dejó como saldo la muerte de su entrenador y un amigo cercano.
Casualidad o no, la estadística alimenta el mito. Pelear con Jake Paul parece dejar algo más que una derrota en el récord: para muchos, ha significado el inicio de una etapa marcada por crisis, tragedias y finales inesperados.
