El joven luchador iraní Saleh Mohammadi, de apenas 19 años, fue ejecutado el jueves tras haber sido arrestado durante las protestas contra el régimen de los ayatolás. Según denuncias de organizaciones humanitarias, el deportista fue torturado durante semanas y condenado sin un juicio justo, acusado de “declarar la guerra a Alá”.
Mohammadi, quien había ganado la medalla de bronce en la Copa Saytev en 2024 en Krasnoyarsk, fue detenido luego de participar en manifestaciones pacíficas el pasado 8 de enero en Qom. Durante su detención, habría sido forzado a confesar un crimen que negó haber cometido: el presunto ataque con arma blanca a un policía.
De acuerdo con los reportes, el joven compareció ante el tribunal sin un abogado de su elección, siendo representado por un defensor asignado por las autoridades. A pesar de presentar una coartada —asegurando que se encontraba en casa de un familiar al momento de los hechos—, fue condenado igualmente.
El caso ha generado una fuerte reacción internacional. La organización Amnistía Internacional condenó las ejecuciones, denunciando que los acusados fueron privados de una defensa adecuada y sometidos a confesiones bajo coerción. Además, alertó sobre un proceso judicial acelerado que no cumplió con estándares mínimos de justicia.
Activistas han comparado este caso con el del luchador Navid Afkari, ejecutado en 2020 pese a la presión global. Según denuncian, estos hechos reflejan un patrón del régimen para reprimir la disidencia y enviar un mensaje de intimidación a la sociedad iraní.
La ejecución de Mohammadi y otros dos detenidos vuelve a encender el debate internacional sobre el respeto a los derechos humanos en Irán y el uso de la pena de muerte como herramienta política.
