Hay sueños que comienzan siendo pequeños, casi como un juego, pero que con el paso de los años se transforman en grandes objetivos. El de Amy Shayndel Salvatierra Peinado comenzó cuando tenía apenas seis años, cuando descubrió la gimnasia rítmica y decidió hacer de este deporte una parte importante de su vida.
Hoy, a los 11 años, han pasado cinco años desde aquel primer entrenamiento. Cinco años de aprendizaje, sacrificios, competencias, alegrías, lágrimas y, sobre todo, de una pasión que fue creciendo junto con ella. En ese tiempo ha conseguido 23 medallas de oro, 15 de plata y 4 de bronce.
Su evolución tuvo una recompensa especial esta temporada. En su primer año dentro de la categoría Élite, Amy participó en el Campeonato Departamental de Gimnasia Rítmica y logró subir al podio en tres oportunidades.
Con una actuación que refleja el trabajo realizado durante todos estos años, consiguió medalla de oro en Manos Libres, además de dos medallas de plata, en Cuerda y en All Around. Tres medallas que podrían resumirse en una cifra, pero que para Amy representan mucho más: cinco años de constancia detrás de cada movimiento, cada rutina y cada competencia.

Amy Shayndel Salvatierra Peinado (cen.) junto a su famila.
Un nuevo desafío
Sin embargo, Amy no quiere quedarse solamente con lo conseguido. Su mirada está puesta en un objetivo mayor: lograr en el selectivo Nacional la clasificación al Campeonato Sudamericano de Gimnasia Rítmica que se realizará en Medellín, Colombia.
La posibilidad de representar a Bolivia en un escenario internacional se ha convertido en una nueva motivación para continuar trabajando. Sabe que el camino todavía exige esfuerzo, correcciones, aprendizaje y muchas horas de entrenamiento, pero también sabe que ya ha demostrado que tiene la capacidad y la determinación para afrontar grandes desafíos.
Para Amy, cada competencia es una oportunidad para seguir creciendo. Cada rutina es una lección y cada resultado, una motivación para continuar.
Una familia que acompaña el sueño
Detrás de la pequeña gimnasta también existe una familia que acompaña de cerca su crecimiento deportivo. Sus padres, Salvador Salvatierra y Yaqueline Peinado, han sido parte fundamental de este camino, acompañándola en sus entrenamientos, competencias y desafíos.
Amy además comparte su hogar con tres hermanos, cada uno vinculado a una disciplina diferente. Salvador Salvatierra Peinado, de 7 años, practica fútbol en la academia Milton Melgar; Sarai Rashel Salvatierra Peinado, de 13 años, practica voleibol en la academia Tigers; y Susana Jireh Salvatierra Peinado, de 15 años, practica baile en el grupo Élite de la academia Insight Soul.
Así, el deporte y el arte forman parte de una familia donde cada integrante persigue sus propios sueños.
Una historia que recién comienza
Amy Shayndel todavía tiene mucho camino por recorrer. Apenas está viviendo su primer año en Élite, pero ya conoce la satisfacción de subir al podio y, sobre todo, la importancia del trabajo que existe detrás de una medalla.
De aquella niña de seis años que comenzó a descubrir la gimnasia rítmica queda hoy una joven deportista de 11 años que sigue soñando en grande. Tres medallas adornan su presente, cinco años de esfuerzo explican su crecimiento y Medellín aparece ahora en el horizonte como el próximo gran sueño.
Paso a paso, rutina a rutina y competencia a competencia, Amy continúa construyendo su historia.
