El viernes de entrenamientos libres para el Gran Premio de Barcelona dejó un sabor agridulce y una profunda preocupación en el box de Alpine. Franco Colapinto completó la primera jornada de actividad en el circuito de Montmeló mostrando destellos de su talento individual, pero exponiendo las severas carencias crónicas que arrastra el monoplaza de la escudería francesa de cara a la séptima fecha de la temporada de Fórmula 1.
En la primera sesión (FP1), el piloto argentino de 23 años logró meterse en el Top 10 al firmar el décimo mejor tiempo con una marca de 1m17s893. La historia cambió radicalmente por la tarde durante la FP2, cuando las temperaturas en pista se elevaron y los neumáticos medios y blandos sufrieron una degradación alarmante. En esa segunda tanda, Colapinto cayó al 15º lugar con un registro de 1m17s051, quedando a 1.625 segundos del líder del día, el británico Lando Norris.
A pesar del retroceso en el clasificador, el balance interno volvió a favorecer al bonaerense: superó a su compañero de equipo, el experimentado Pierre Gasly, quien finalizó 17º en la FP1 y 16º en la FP2. Sin embargo, ganarle la pulseada al otro lado del garaje no trajo ningún consuelo al piloto argentino, que al bajarse del auto realizó una cruda radiografía de la situación actual del monoplaza.
«Fue el peor viernes de la temporada», disparó Colapinto con visible frustración. «El balance y la velocidad del auto son malos; no teníamos nada de agarre y en ritmo de carrera se siente inmanejable. Si no entendemos qué está pasando con la temperatura de la pista y el desgaste de las gomas, el domingo vamos a tener que hacer 30 paradas en boxes», advirtió con contundencia.
Para revertir el panorama de cara a la clasificación del sábado y la carrera del domingo, el argentino exigió reacciones inmediatas: «Hay que hacer cambios agresivos y arriesgados porque estamos muy mal». Alpine afronta horas cruciales de análisis nocturno en Montmeló para rescatar un fin de semana que arrancó torcido.
