Este domingo al mediodía, el cronómetro de la No Finish Line llegará a su fin, marcando el cierre de una hazaña colectiva que durante cinco días consecutivos transformó el esfuerzo físico en esperanza. Tras 100 horas de movimiento ininterrumpido, el público conocerá el impacto real de una movilización que nació con un propósito claro: transformar cada kilómetro en auxilio para niños en situación vulnerable.
Desde su inicio el pasado miércoles por la mañana, cuando más de 300 personas inauguraron el circuito, el evento no dejó de crecer. Lo que comenzó como un grupo entusiasta se convirtió en una marea humana que sumó a familias, empresas y figuras del ámbito local cruceño, todos unidos bajo la premisa de que cada vuelta cuenta.
Este movimiento internacional es sencillo. Cada vuelta al circuito, de 1 kilómetro, significa bs 5 de aporte que entregan las empresas que respaldan el movimiento por medio del patrocinio. Es decir, mientras más recorrido de todos los participantes más dinero para la causa.
El evento contó con refuerzos de lujo, como el campeón de Ultra Maratón de Bolivia, José Luis Guzmán, quien se sumó al desafío con el objetivo de batir récords de resistencia. Su meta no fue el trofeo personal, sino maximizar el aporte económico mediante un kilometraje extraordinario.
El cierre de una meta compartida
Hoy, al cumplirse las 100 horas de carrera, se llevará a cabo el acto de clausura. En este cierre se revelará la cifra final de vueltas recorridas y, lo más importante, el monto total que se entregará para cambiar la realidad de los niños más necesitados. Santa Cruz demuestra, una vez más, que cuando se corre con el corazón, no hay meta inalcanzable.
