Lo que debía ser el regreso más inspirador en la historia del deporte se ha transformado en una pesadilla médica que mantiene en vilo al mundo del esquí. Lindsey Vonn, la esquiadora estadounidense más laureada de todos los tiempos, enfrenta actualmente una situación crítica tras sufrir una devastadora caída en el descenso femenino de los Juegos Olímpicos de Invierno 2026.
Con 41 años y un historial de lesiones que desafía la lógica, Vonn se prepara para una cuarta intervención quirúrgica en menos de una semana, en un intento desesperado por salvar su pierna izquierda.
Tras ser evacuada en helicóptero de la pista de Cortina d’Ampezzo el pasado domingo, el parte médico inicial reveló una «fractura compleja de tibia». Sin embargo, lo que parecía una lesión ósea manejable para una atleta de su calibre se ha complicado debido a problemas de flujo sanguíneo e inflamación severa.
El doctor Jesse Morse y especialistas europeos han lanzado una advertencia que ha helado la sangre de sus seguidores: en casos de fracturas conminutas con afectación de tejidos blandos y compromiso vascular —lo que se conoce técnicamente como síndrome compartimental—, el riesgo no es solo el fin de la carrera deportiva, sino la amputación de la extremidad.
«La prioridad es conservar la pierna»
Expertos consultados coinciden en que el objetivo de las múltiples cirugías (la tercera fue calificada como «exitosa» pero insuficiente) es estabilizar la tibia mediante fijadores externos y liberar la presión interna que impide que la sangre llegue al pie. «Su objetivo actual es, ante todo, conservar la pierna y poder caminar», declaró un médico especialista a la prensa internacional. «Todavía no estamos en la etapa de hablar de esquí; estamos en la etapa de evitar una discapacidad permanente».
El riesgo de un regreso imposibleVonn había regresado del retiro en 2024 tras una cirugía de reemplazo parcial de rodilla, decidida a conquistar una última medalla olímpica a pesar de competir con el ligamento cruzado anterior (LCA) recién roto hace apenas unos días en una práctica. Esta decisión, calificada por muchos como heroica y por otros como temeraria, es ahora objeto de debate médico.
¿Agravó la férula de su rodilla la fractura de tibia o impidió un daño mayor?
Desde su cama de hospital, la campeona se muestra resiliente: «No me arrepiento de nada, sabía que competir era un riesgo». Sin embargo, el mundo del deporte hoy no reza por un podio, sino por que la mujer que desafió la velocidad pueda, simplemente, volver a caminar.
