Con apenas 15 años, Luciana Álvarez Robles ya comienza a abrirse camino en el fútbol femenino boliviano. La actual delantera de Oriente Petrolero destaca por su talento, disciplina y capacidad goleadora, cualidades que la convierten en una de las grandes promesas del país. Sin embargo, su historia empezó lejos del arco rival.
En sus primeros años jugaba como lateral. Con el paso del tiempo sintió que podía aportar más en ataque y luchó por una oportunidad para cambiar de posición. Cuando finalmente la consiguió, respondió con goles y confirmó que su lugar estaba como delantera, iniciando una etapa que marcaría el rumbo de su carrera.
Su historia en el fútbol comenzó a los cinco años en Los Lobos, bajo la dirección del profesor Lorgio Suárez. Luego pasó por Leones y más tarde encontró una sólida formación en Talento Bolivia, donde Mauro Soliz, Jonathan y Carlos Cámara fortalecieron su crecimiento deportivo y personal. A los 12 años se incorporó a Blooming, donde recibió la confianza del entrenador Napoleón Cardozo. Tiempo después, cuando el director técnico asumió un nuevo reto en Oriente Petrolero, Luciana decidió continuar bajo su dirección para seguir creciendo.
Su evolución no tardó en dar resultados. Fue convocada a la Selección Boliviana Sub-15 y representó al país en Paraguay. Posteriormente integró la Selección Cruceña Sub-17, con la que logró el subcampeonato, y más adelante volvió a recibir el llamado de la Selección Boliviana Sub-17 como invitada. Además, sus números reflejan su olfato goleador: marcó 17 goles en seis partidos para consagrarse máxima artillera de la Copa Formativa Sporting Finesse, anotó otros 11 tantos en la Copa Supernova y continúa aportando goles en la Primera A.
Actualmente comparte vestuario en Oriente Petrolero con futbolistas de amplia trayectoria a las que admiraba desde niña. Al mismo tiempo cursa el cuarto de secundaria en el colegio Madre Vicenta Uboldi y proyecta estudiar Bioquímica. Además, gracias al apoyo de Cardozo y Andrew Nugent, tiene la posibilidad de acceder a una beca para continuar sus estudios en Estados Unidos, sin dejar de perseguir su sueño de convertirse en futbolista profesional.
Detrás de cada paso está el respaldo de su familia. Su madre, Glenda; Javier, quien la acompaña desde sus primeros pasos en el fútbol; su padre, William, que pese a sus problemas de salud siempre la alienta; y su hermano Sebastián son el motor que la impulsa a seguir adelante. Con humildad, perseverancia y mucho sacrificio, Álvarez continúa escribiendo una historia que apenas comienza, pero que ya ilusiona al fútbol boliviano con una nueva generación de talento.
